Síntomas del aneurisma cerebral

Las enfermedades cerebrovasculares configuran uno de los problemas de mayor gravedad en materia de salud, ya que constituyen

  • la tercera causa de muerte en Occidente,
  • la primera causa de invalidez permanente entre las personas adultas y
  • una de las principales causas de déficit neurológico en la tercera edad.

Un accidente cerebrovascular (ACV) presenta 2 formas específicas:

  • el ictus isquémico o infarto cerebral, caracterizado por la disminución anormal, brusca y sustancial del flujo sanguíneo en el sistema circulatorio cerebral debido a una embolia o a una trombosis
  • el ictus hemorrágico o derrame cerebral, provocado por la rotura de un vaso sanguíneo encefálico por un pico de tensión arterial o por la ruptura de un aneursima.

Con frecuencia se producen numerosos cuadros de ACV de baja intensidad y corta duración, que pasan inadvertidos y poseen síntomas que pueden constituir alertas tempranas de una patología mayor subyacente.

El aneurisma cerebral no suele manifestar síntomas en las etapas tempranas de su desarrollo, y sólo produce signos perceptibles si

  • ha alcanzado un tamaño considerable que afecta a los tejidos circundantes,
  • se ha iniciado un sangrado incipiente que prenuncia su ruptura o
  • se ha producido el estallido que provoca la hemorragia endocraneal.

Síntomas de la presencia de un aneurisma cerebral

Es virtualmente muy improbable identificar la existencia de un aneurisma cerebral que no esté roto (excepto que su tamaño sea considerablemente grande) porque su presencia pasa desapercibida ya que carece de manifestaciones perceptibles y de síntomas de advertencia en los estudios clínicos convencionales.

El aneurisma cerebral, durante su desarrollo no necesariamente provoca síntomas y sólo se descubre

  • luego de su ruptura, o
  • por azar durante exámenes de diagnóstico realizados por otros trastornos, comotomografías computadorizadas (TAC), imágenes por resonancia magnética (IRM), o angiografías.

Al adelgazarse el espesor arterial se produce una hernia que se manifiesta a partir de un orificio en la pared vascular a través del cual fluye la sangre que dilata al aneurisma.

La mayoría de los aneurismas cerebrales no muestra ningún tipo de síntomas:

  • un aneurisma pequeño (que no cambia de modo apreciable de tamaño) no tendrá síntomas, mientras que
  • un aneurisma más grande (que crece constantemente) puede provocar síntomas al comprimir nervios y tejidos cercanos; de presentarse, estos síntomas comprenden:
    • dolor por encima y detrás de los ojos;
    • entumecimiento, debilidad o parálisis de un lado de la cara;
    • pupilas dilatadas y cambios en la visión.

Síntomas previos a la ruptura de un aneurisma cerebral

En la medida que aumenta su tamaño, el aneurisma cerebral empieza a comprimir las estructuras aledañas; como consecuencia, en ocasiones el paciente puede llegar a experimentar:

  • fatiga,
  • cefalea,
  • cambios en la conducta,
  • disminuciones en la percepción,
  • pérdida de equilibrio,
  • dificultades en la visión,
  • parálisis de un párpado,
  • problemas en el habla,
  • visión doble,
  • parálisis de uno de los párpados,
  • falta de coordinación motriz,
  • problemas en la memoria de corto plazo,
  • dificultades perceptivas.

Solo una ínfima minoría de pacientes reporta una cefalea de advertencia, “aura” o “cefalea centinela” anticipatoria debida a un aneurisma que se encuentra en pérdida, con un sangrado leve que se anticipa desde algunos días, a varias semanas antes de que llegue a romperse.

Síntomas de la ruptura de un aneurisma cerebral

La eventual ruptura o colapso del aneurisma cerebral puede desencadenar un derrame intracraneal o ictus hemorrágico, lo que conduce al ACV (accidente cerebrovascular).

De acuerdo con la severidad de la hemorragia que se produce luego de la ruptura, los casos se ordenan en grados que van:

  • desde la ausencia total de signos (supervivencia del 70%);
  • la aparición de dolores de cabeza intensos, rigidez en la nuca y déficits neurológicos menores (supervivencia inferior al 50%);
  • la presencia de hemiparesis y hemiplejias, con caída en coma profundo (supervivencia de menos del 10%);
  • hasta la muerte instantánea.

Un aneurisma cerebral roto puede ocasionar la manifestación de

  • cefalea súbita,
  • pérdida de la conciencia,
  • confusión,
  • convulsiones,
  • rigidez en el cuello,
  • somnolencia,
  • sensibilidad a la luz,
  • náuseas,
  • vómitos,
  • dilatación de las pupilas,
  • afasia,
  • visión doble o borrosa,
  • hemiplejia y
  • estado de coma.

La sangre derramada “irrita” a las arterias, y puede provocar el cierre de las mismas (entidad denominada vasoespasmo), situación grave, capaz de dejar sin irrigación a un sector del cerebro, y así provocar un infarto cerebral.

Cuando un aneurisma sangra, el individuo suele experimentar una cefalea repentina muy intensa, visión doble, náuseas, vómitos, rigidez de la nuca o pérdida del conocimiento.

Los pacientes que han sufrido el estallido de un aneurisma generalmente describen a la cefalea consecuente como “el peor dolor de cabeza” de su vida, diferente en intensidad y gravedad de otros dolores de cabeza que han tenido.

En estos casos se debe procurar asistencia médica especializada inmediata.

 

Clasificaciones de los aneurismas rotos

Escala de Hunt y Hess

La escala de Hunt y Hess es un modo de clasificar la seriedad de una hemorragia subaracnoidea de origen no traumático ya que muestra una correspondencia concreta con el resultado deseable de su tratamiento.

Grado Características
1 Asintomático y consciente, dolor de cabeza leve y rigidez de nuca leve.
2 Dolor de cabeza y rigidez de nuca moderada sin déficit neurológico más allá de paresia de los nervios craneales.
3 Somnolencia, confusión mental y leve déficit neurológico focal.
4 Estupor y hemiparesia moderada o severa.
5 Coma y postura descerebrada.

Escala de Glasgow

La escala de coma de Glasgow está diseñada para evaluar con precisión y sencillez el nivel objetivo de conciencia de los pacientes mediante la exploración y valoración de 3 parámetros sensibles:

  • la apertura ocular

    1. Nula.
    2. Responde ante un estímulo doloroso.
    3. Responde ante una orden.
    4. Espontánea.
  • la respuesta verbal
    1. Nula.
    2. Incomprensible.
    3. Palabras inapropiadas.
    4. Conversación confusa.
    5. Conversación orientada.
  • la respuesta motriz
    1. Nula.
    2. Con extensión anormal de los miembros.
    3. Con flexión anormal de los miembros.
    4. Retracción ante estímulos dolorosos.
    5. Localización estímulos dolorosos.
    6. Obediencia correcta a las órdenes.

De la sumatoria de los puntajes parciales se obtiene un valor que va entre un mínimo de 3 (grave: 1 + 1 + 1) y un máximo de 15 (normal: 4 + 5 + 6):

Puntaje Traumatismo craneoencefálico (TCE)
15~14 Leve
13~9 Moderado
< 9 Grave (paciente en coma)

Escala de Fisher

De acuerdo con la cantidad de sangre evidenciada y su distribución, lo que se visualiza mediante una TAC, las hemorragias subaracnoideas pueden clasificarse de acuerdo con la escala de Fisher:

Grado Sangrado
I Sin sangre detectable.
II Disposición difusa de la sangre en el espacio subaracnoideo, sin coágulos localizados, con una capa vertical menor a 1 mm.
II Coágulos localizados en el espacio subaracnoideo o una capa vertical de sangre mayor o igual a 1 mm.
IV Sangre intraparenquimatosa o intraventricular.

El pronóstico para un paciente con un estallido de aneurisma cerebral depende del tamaño y del lugar adonde se localiza la hemorragia, de las condiciones neurológicas previas y subsecuentes, de la edad, y del estado de salud general.

Habitualmente, 3 de cada 4 personas que padecen de esta afección y no reciben el tratamiento conveniente a tiempo mueren dentro de las primeras 12 horas, tienen una recuperación muy precaria, o sufren discapacidades severas permanentes.